Fernando
Lema (Investigador Instituto Pasteur- París) dialoga con Sonia
sobre los transgénicos en Uruguay y el mundo.
BRECCIA:
Para mí estar con Fernando Lema siempre es un enorme placer y además
hablar de temas nuevos. Gracias por estar Fernando.
LEMA: Gracias Sonia, son temas nuevos y de futuro.
BRECCIA: Jeremy Rifkin dice que la Física y la Química
que dominaron el siglo XX están dando paso a la era de la Biología. La era
de la biotecnología que plantea preguntas fundamentales sobre los seres
humanos y el espacio público se está viendo ocupada rápidamente por un
amplio debate entre quienes creen que es un renacimiento biológico y
quienes alertan sobre la llegada de una civilización ligada a la eugenesia
comercial.
LEMA: ¡Qué pena que el debate no sea más amplio! Un debate donde toda la
sociedad que está implicada en las consecuencias y en los beneficios de las
biotecnologías no sea mucho más protagonista del tema.
Aquí tenemos justamente el caso concreto del maíz transgénico que pasó
por el costado de la sociedad y a pesar que hay un interés del Poder
Ejecutivo de regularlo y una comisión investigadora, hay una serie de
medidas legislativas de protección del medio ambiente que en principio
deberían ser adoptadas en un país que se define como país natural. Un
logro que en un comienzo estaba algo vacío y que de a poco se ha ido
llenando con familias productoras de miel, gente que produce productos orgánicos,
el beneficio de los productores de ganado, en un país donde las vacas comen
pasto. Esto es una maravilla en los países del primer mundo donde las vacas
están estabuladas y comen ensilado todo el año. Este alimento produce una
carne blanca que difiere del sabor de la carne natural... todo esto es
una riqueza incalculable. También tenemos los vinos, el arroz y de pronto
descubrimos que por razones coyunturales, de carácter comercial o también por
presiones mucho más internacionales que escapan de nuestras fronteras
aparecen los transgénicos. Qué casualidad que en Europa se producen las
mismas movidas de penetración de los transgénicos a pesar de la fuerte
resistencia y de pronto en América Latina comienzan los mismos movimientos
y en Uruguay están los contenedores en la Aduana con el maíz transgénico
con los insecticidas que van a servir a que se produzca mejor ese maíz. Y
no pensamos que de pronto en este país natural, que es una excepción en el
planeta, producimos miel por 14 millones de dólares de exportación.
Producimos más miel que vinos de exportación y ese rubro tiene una condición
muy particular: nadie compraría una miel que estuviera etiquetada con polen
transgénico. El 60 % de los consumidores de miel exigen que no tenga ningún
contamínate transgénico, es gente que quiere un producto natural.
Entonces tenemos una multitud de familias que viven produciendo miel de una
manera artesanal, que crearon cooperativas, federaciones de productores y de
pronto les comprometemos la producción. ¿Esta medida será a largo plazo
una estrategia, una política que conduzca a generar nuevos horizontes en
esa acumulación de inteligencia, de valor agregado intelectual que tenemos
que hacerle al futuro del país? Seria la pregunta a hacerse.
Ahora, del punto de vista técnico, ¿qué es un producto transgénico?
Yo no voy a entrar en esto de lo técnico pero recordemos un poco. En ese
genoma, en ese paquete de información que tiene cada célula, las
biotecnologías logran insertar otros fragmentos de codificación que
producen resistencias, que producen ciertos beneficos productivos, que
generan especies híbridas. Esto se llama transgénicos que tienen un gen
incorporado de otra especie, una planta, un animal y tienen una multitud de
posibilidades de aplicación algunas maravillosas.
Pero en el ámbito productivo las plantas transgénicas aparecen como
ventajas comparativas en relación a otras especies pero ¿para qué?
Escuché los argumentos y en particular los del presidente Bush donde se decía:
"las plantas transgénicas van a salvar del hambre al mundo". ¿Cómo
va a suceder esto si en los países con exceso de producción en el mundo no
existe hambre? El hambre se debe a los problemas de gestión de la tierra, a
los manejos de la tierra productiva y que el 21 % de esas tierras agrícolas
están destinadas a dar de comer a los animales del primer mundo. Entonces
los problemas son de gestión mucho más que de generar nuevas especies con
mayor capacidad de producción. Este sería un aspecto, no vamos a entrar en
el detalle si son nocivas o no las platas transgénicas pero hay una
evidencia de que si hay un insecticida incorporado que destruye determinados
insectos entonces las abejas van a tener mucha dificultad cuando quieran
hacer miel del polen del maíz de sobrevivir al insecticida que esta específicamente
dedicado a matar un lepidóptero en particular y pareciera que esa especie
no esta muy difundida en el país o directamente no existe fue hecho para
Europa.
Hay otra historia nosotros no pensamos en los transgénicos que precisaríamos
para el desarrollo nacional y mas bien están incorporados a otro
pensamiento que esta en el fondo de nuestra historia y es que siempre
pensamos con la cabeza de afuera, modelos que fueron pensados para otras
latitudes, para otro desarrollo, para otros intereses y que está muy bien
que ellos lo hagan pero es riesgoso que lo hagamos nosotros.
Por varias razones: Por un lado, lo del monocultivo, abrir una frontera
nueva donde incorporamos nuevos pesticidas, nuevas plantas que se difunden rápidamente
en el eco sistema, donde hacemos un monocultivo que elimina justamente la
diversidad que es el gran valor, la competencia por la diversidad es el gran
valor de la supervivencia de las especies. De pronto hacemos un monocultivo
porque productivamente es valioso por un cierto tiempo y entonces aquí
viene lo que es algo poco ético y políticamente poco ético también
incorporar estas técnicas nuevas que comprometen el futuro, horizontes
productivos del país en vez de una amplia consulta donde la gente sepa lo
que esta pasando en el país y decida que país quiere y porque además se
esta hipotecando de alguna manera el futuro ¿Es posible dar marcha atrás
una vez que se dio el paso adelante?
BRECCIA: ¿Se puede o no?
LEMA: Son muchos años, hay mapas que se están haciendo en este momento en
la unión europea que muestran que como el porcentajes es variado de plantas
transgénicas se comprometen otros sectores de producción y entonces
aparecen contaminantes transgénicos que hipotecan la producción. En
nuestro caso del ganado, del arroz, los vinos, la miel. Entonces realmente
vale la pena apostar a ese modelo de producción, al monocultivo, al todo
agrícola o a apostar a un país diverso, a un país plural a un país
participativo donde la gente elabore el país que quiere con la tecnología
que quiere.
BRECCIA: ¿La gente ha resistido en Europa esta tecnología sin embargo lo
hace con o sin éxito?
LEMA: Hay dos tipos de resistencia: una originada por el temor a todo avance
a todo desarrollo tecnológico que es una resistencia algo conservadora,
tienen temor a lo nuevo. El problema no esta ahí, estos son maravillosos
descubrimientos se abren fronteras fantásticas para el crecimiento, para
incorporar nuevos valores pero el problema no esta ahí, el problema esta en
como esas nuevas tecnologías las incorporamos a eso que tenemos y lo que
queremos. Es decir al país que queremos tener, no podemos inventar un país
de Monsanto, de multinacionales que piensan para otras latitudes y otros
medios de producción, tenemos que generar el país que necesitamos sobre el
subsuelo que tenemos, sobre el suelo que tenemos, sobre el mar que tenemos.
Es esa nuestra riqueza y sobre esa riqueza pensar que queremos hacer, como
lo queremos transformar con las mejores tecnologías, con lo más avanzado,
con la inteligencia de la gente, es decir con la educación, con la formación,
con la apuesta que no se vaya la gente, que se quede y se forme para
transformar el país y esa es la apuesta. No es la apuesta de traer la
semilla, ponerla en la aduana y vendérsela a los productores ahora más
barata porque hay que introducir, porque es una apuesta política, hay que
ganar terreno, hay que sembrar mas extensiones pero todo lo demás, los
terrenos que comprometemos, los suelos que se pueden contaminar, la
eliminación de ciertas especies en un delicado equilibrio, la naturaleza es
extremadamente delicada, y en el reduccionismo productivo del hombre se
apuesta en una dirección, se apunta en una dirección y se masacra el resto
sin pensar que sin que es en el juego de la diversidad, en el juego esa
multiplicidad de equilibrios pequeños que se van gestando está la vida. Es
esa la vida, es la diversidad, los equilibrios nuevos, la apuesta a un
futuro pero no solo a uno futuro a muchos futuros.