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Del otro lado de la pantalla
La primavera parece instalarse ya sin ambivalencias, realzando la belleza de esta ciudad, bellísima en todas las estaciones, pero que sin embargo logró en los últimos años adquirir otras dimensiones, desconocidas anteriormente, desde que los parisinos se apropiaron poco a poco de su ciudad. Es un hecho social reciente, permitido por las temperaturas agradables de la primavera, del verano, y que se extiende hasta fines del otoño. Pero representa también un cambio político y cultural. La ciudad ya no es mas el lugar solo para dormir o trabajar sino también un espacio para vivir y disfrutarlo cotidianamente. Y para ello es necesario crear incentivos, facilitar el desarrollo de calles peatonales, plazas, parques infantiles, lugares de encuentro, plantar árboles, disminuir la circulación de automóviles, en suma hacer que la gente re descubra su propia ciudad y la transforme en objeto de deseo, en fuente de placer. La gente por miles, pasea por los bordes del Sena, grupos de música de los mas diversos orígenes y estilos se instalan a lo largo de las riberas del río, en las calles del barrio latino, en los alrededores de la Bastilla y la gente se detiene, baila, disfruta como no se lo permitían antes los parisinos, que siempre corrían hacia alguna parte. Pero ese fenómeno también se observa en los bordes del Canal Saint Martin, que une el Sena con el Marne mediante un sistema de esclusas como existen en el canal de Panamá y célebre por aquella conocida película Hotel du Nord. Y desde su desembocadura frente a la Bastilla, con su magnifico puerto de yates y su mercado de antigüedades, hasta la Villette, donde se encuentra la “Ciudad de la ciencia y de la industria”, un gigantesco museo de decenas de hectáreas sobre los desafíos de la sociedad del conocimiento, miles de personas disfrutan de los largísimo crepúsculos de estas latitudes al borde del Canal Saint Martin. Y esta dinámica social y cultural genera un mercado de consumo interno de dimensiones colosales. Imagen difícil de concebir desde Uruguay adonde la economía no se sustenta sobre el incremento de la calidad de vida de sus ciudadanos y el consumo interno sino que depende esencialmente de las exportaciones, esencialmente de materias primas, cuyos precios, muy variables, son fijados en otras latitudes. La ciudad de Paris recibe además 71 millones de viajeros anuales en sus aeropuertos adonde 23 millones son turistas. En esta ciudad, el turismo no es solo una importantísima fuente de ingresos, sino una forma inteligente de valorización del patrimonio artístico, cultural y medioambiental de la ciudad de Paris. “Un sueño capitalista” como titulaba el semanario británico The economist, en septiembre del 2003. Pero el articulo no se refería a Paris sino a las nuevas estructuras económicas de Irak y las fantásticas ganancias que pensaban percibir ocupando este país. Sin embargo 6 meses mas tarde el sueño de las grandes empresas se derrumba y se acumulan en las ultimas semanas las declaraciones que buscan, ya sea transferir el poder a los organismos de las NNUU, los que pagan los platos rotos, o de retirarse lo mas rápidamente posible de la trampa generada por la ocupación. Ya se retiraron los españoles, hondureños y dominicanos y Washington disminuye sus márgenes de maniobra política y militar. El discurso de Bush, destinado a concentrar y diluir las responsabilidades del gobierno y las autoridades militares frente a la tortura en Irak, proponiendo un plan de negocios en lugar de una disculpa pública, demoler la cárcel adonde se practicaba la tortura y hacer una nueva construcción, fue aprovechado por Londres para tomar distancia de Washington. Ahora, que se rompe el sueño de hacer rápida fortuna apropiándose de los recursos de un país invadido, pareciera mas fácil para el gobierno británico avanzar sobre los principios y el derecho internacional que fueran tan rápidamente olvidados en nombre de los intereses económicos. Y no sería sorprendente que la coalición británico americana llegara a duras penas unida hasta el 30 de junio en que se transferirá el poder a una junta de gobierno local. Sin embargo, mas allá de las declaraciones, el fondo del problema queda intacto. La mundializaciòn de la guerra sigue su marcha. Por eso la denuncia de los atropellos que causan estas políticas totalitarias y la toma de conciencia de las mismas en los EEUU y en las sociedades de los países que fueron sus aliados es la única forma de lograr detener la máquina de guerra de los EEUU. Es quizás por esta razón que en Francia y en otros países europeos fue acogida con inmensa satisfacción, y hasta con una discreta pero notoria sonrisa gubernamental, la Palma de Oro que le fuera otorgada por primera vez a un documental en el festival de Cannes. Dos años después de haber sido primado en el mismo Festival de Cannes por su película Bowling for Columbine, Michael Moore fue ovacionado por el público de pie al ganar la Palma de Oro, la máxima distinción del Festival, con “Fahrenheit 911 o la temperatura a la que se quema la libertad”, un documental que muestra en detalles las relaciones entre el clan Bush y la familia real de Arabia Saudita. El objetivo de este documental es mostrar como una sociedad se desliza progresivamente hacia el totalitarismo, por eso el nombre de la película se inspira en el título del libro de ciencia ficción de Ray Bradbury Fahrenheit 451, que evoca la temperatura a la que se quema el papel, a la que se incendiaban los libros que no podía soportar el pensamiento totalitario de las dictaduras, una vergüenza mas de nuestra historia. Moore evoca hacia el fin de su película, “1984” el famoso libro de George Orwell. La película mantiene un lenguaje claro, pedagógico, destinado a todo el pueblo norteamericano y se desarrolla en cinco capítulos, la llegada al poder de George Bush, el 11 de septiembre, la guerra en Afganistán, el voto del Acta Patriótica por el Senado americano y la guerra en Irak. El tema del montaje de la máquina de guerra y de propaganda norteamericana esta presente a lo largo de toda la película que aparecerá en las pantallas probablemente en el mes de septiembre próximo, en plena campaña de re elección del presidente Bush. Pero Cannes fue también una fiesta para el equipo de actores y realizadores uruguayos que se vieron recompensados con el Primer premio de la critica internacional y la segunda posición por “una cierta mirada”, un certain regard de su película Whisky. La primera vez que un largo metraje uruguayo es premiado en un festival de tal importancia. Kusturica, que no gano la Palma de Oro, estuvo también presente en Cannes, con la “Vida es un milagro”. El domingo pudimos apreciar, disfrutar, salir con un nudo en la garganta de la proyección de esta soberbia realización de un cineasta en plena madurez, que es mucho mas que cine, es una reflexión profunda sobre la naturaleza humana y esta terrible deriva de nuestra especie que conduce en las sociedades a la violencia, a la confrontación y a la guerra. “La vida es un milagro” es un documento pedagógico que debería enseñarse en los liceos, analizarse en las Universidades, realizar debates en los barrios, porque es una película madura, inteligente y profunda. Así como lo planteáramos con “Las invasiones bárbaras”, verdadero documento de análisis social, esta es una película para no dejar de ver cuando aparezca en las pantallas de nuestros países. Así como podríamos decir que Almodóvar con “La mala educación” realiza un excelente documento de gran nivel técnico, soslayando apenas los problemas educativos y sociales que plantea el homosexualismo y Michael Moore eleva el cine militante y social al primer plano mediático con su excelente y minucioso trabajo pedagógico demoledor del presidente Bush, “La vida es un milagro” de Kusturica no es una película mas, es cine mayor. Probablemente la mejor reflexión de la historia contemporánea llevada a la pantalla en la que nadie puede sentirse ajeno, porque es el mensaje universal de la vida humana, con su locura, su violencia y la irresponsabilidad política y social que caracteriza a estos tiempos de dilución de valores, rápidamente remplazados por el sueño de la riqueza fácil, de la competencia entre individuos, en donde los que pierden siempre son los mismos. Los que no tienen la palabra, los que no tienen los recursos, los que mas necesitan de la solidaridad para su existencia. Por una vez el festival de Cannes no fue solo frivolidad, ejercicio técnico y narcisista de aspirantes a la popularidad, sino que reflejó la preocupación de la gente. Signo de que la situación mundial es grave pero que también muestra que las sociedades no se dejaran manejar por la mentira, por las guerras que no eligieron, por una maquina de guerra que tiene muchas dificultades para imponerse globalmente. Quizás porque el sentido común de la especie es mucho mas fuerte, emerge y se encuentra en cada uno de los ciudadanos. Aunque no basta que cada uno lo ejerza aisladamente, es necesario sumar esfuerzos, instalar la razón, la sensibilidad y el sentido común en el ejercicio de la democracia, no como sanción política sino como propuesta, como futuro posible, en el que se incluyan nuevos valores y equilibrios en donde los ciudadanos se sientan representados en su vida cotidiana y en sus sueños. Desde Paris, Francia - Fernando Lema. http://www.fernandolema.com.ar | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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