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El pasado amazónico y los futuros de la especie
Las variaciones climáticas, a las que nos cuesta tanto adaptarnos, cambiaron la primavera tímida de la semana pasada en un tiempo estival. Hoy se anuncian 29° en Paris, temperatura del mes de julio, mientras que para el viernes se prevé que las temperaturas máximas se ubiquen en los 15°. Variaciones en las que habrá que acostumbrarse a vivir, ejercitar nuestra capacidad de adaptación, en el clima, en la sociedad, en la política. Seguramente que son varios los factores que convergen para producir esta sensación de aceleración de los cambios y es evidente que esta dinámica resulta muy compleja para disecarla en algunos minutos y con pocas palabras. Pero son identificables fácilmente tres elementos que nos afectan profundamente. En primer lugar la dinámica de acumulación de información producida por la velocidad a la que se genera y procesa el conocimiento de la realidad, es decir esta etapa de la historia en la que vivimos que se denomina sociedad del conocimiento, en que la masa total de información disponible se duplica cada pocos meses. No solo se acumula nueva información sino que cambian los conceptos conocidos, las verdades que parecieron absolutas durante siglos, los modelos con los que se explica el mundo y el universo. En esta nueva sociedad hay que aprender a incorporar el cambio como una constante de la vida, a leer en movimiento y no como una simple fotografía de una realidad inmutable. Un segundo elemento que parece sacudir nuestra estabilidad es la transformación de la noción de tiempo producida por la velocidad de transmisión de esa información generada sobre la realidad, gracias a las nuevas tecnologías informáticas y telemáticas, lo que determina que el conocimiento producido se difunda instantáneamente en el planeta entero. Es decir que los tiempos que disponemos para conocer, para entender, para incorporar el conocimiento en nuestra cultura ya no son los mismos. Y el tercer factor de transformación esta determinado por las diferentes crisis, medioambientales, sociales y políticas producidas por las formas de ocupación humana del planeta, en definitiva por la manera en que nuestra especie se apropio del espacio planetario y las consecuencias que esto tiene en todos los aspectos que atañen a la vida. A lo largo de la historia de la evolución humana, nuestra especie, por ensayo y error fue probando, descartando y eligiendo diferentes modelos de desarrollo social. Y los modelos exitosos no fueron siempre los que tomaron en consideración la complejidad de las interacciones entre la sociedad y las formas de apropiación del medio ambiente. Quizás por eso es que estamos viviendo estos tiempos de crisis. Porque prevaleció el análisis de los factores internos de la especie mas que los del espacio en el que las sociedades vivían. Y ese modelo pensado en torno al hombre como centro y ombligo de un universo, lo que no es real, generó esa forma de evolución que utilizo la violencia para la dominación social, medioambiental e inventó las formas culturales que justifican esa violencia, dioses opresores y herramientas de obediencia social, poco a poco incorporadas como sistema. Pero también se generaron valores, principios éticos que permitieron disponer de un eje vertebral de convivencia, de aceptación de la diferencia, de respeto del otro, porque en definitiva son necesarios para existir. El modelo de desarrollo dominante se centró sobre la competencia individual y sus diferentes manifestaciones más o menos violentas, y hoy asistimos a diversos ejemplos del funcionamiento de ese sistema social. Sin embargo en la historia hubo otros modelos sociales que no se basaron en la acumulación de riquezas, en la perennidad, en la transformación del medio ambiente sin tomar en consideración las leyes que rigen su funcionamiento. Hasta hace muy poco tiempo los antropólogos suponían que esas sociedades no habían tenido posibilidades de existir mas que en organizaciones simples, muy pequeñas y aisladas, como la actuales comunidades indígenas amazónicas o de otras regiones de Africa o de Oceanía. En los libros de historia aun se les enseña a las nuevas generaciones, que en América, a la llegada del conquistador, no había mas que tres sociedades indígenas avanzadas, los Aztecas, los Mayas y los Incas. Pueblos que exhibían una arquitectura desarrollada, el dominio de la agricultura, jerarquías sociales, conocimientos científicos. Y esos pueblos fueron destruidos por el choque con otra cultura que trajo enfermedades desconocidas, armas de fuego, la tortura como sistema para imponer una única verdad. Allí se apagó una luz alternativa del desarrollo. Los demás pueblos de América eran considerados primitivos, sin refinamiento cultural, organizados en pequeñas aldeas aisladas cuya economía estaba centrada en el nomadismo. Esa imagen cultural se adoso a la mayor parte de las comunidades amerindias durante siglos. Sin embargo, descubrimientos arqueológicos recientes realizados en dos puntos diferentes de la amazonia muestran que las sociedades complejas no eran el privilegio exclusivo de incas, mayas y aztecas. Estos estudios, describen grandes y refinados asentamientos humanos habitados por miles de personas que vivían de manera sedentaria, pero que adoptaban un estilo de trabajo que convertía su medio ambiente en un vasto terreno cuidado, plantado, organizado racionalmente para la supervivencia. Estas inmensas aldeas circulares, rodeadas de empalizadas, comunicaban entre ellas en forma de red por medio de rutas rectilíneas de hasta 5 kilómetros de largo y entre 10 y 50 metros de ancho. En esos mismos sitios también fueron encontrados vestigios de puentes, plazas, represas, canales, cultivo de mandioca, conocimientos de astronomía, urnas funerarias. Una organización compleja y monumental que no previo su perennidad y desapareció devorada por el propio jardín tropical que fuera su fuente de subsistencia y por la colonización europea que extinguió su desarrollo. Actualmente, en la misma zona persisten vestigios culturales de esas antiguas sociedades. Los kuikuros, habitantes de esa zona, continúan abriendo rutas en la selva como sus ancestros, y participaron plenamente en los trabajos de investigación que permitieron realizar estos descubrimientos. Las informaciones que aportaron estos estudios representan una verdadera revolución cultural en relación a los conceptos vigentes. Sobretodo en lo que se refiere a la manera en que los antiguos pobladores de esas zonas se vinculaban con el medio ambiente. Es evidente que estas sociedades vivían en perfecta armonía con el medio ambiente, pero también es claro que la selva no era virgen, y que para construir una sociedad tan elaborada y compleja fue necesario realizar un adecuado estudio de lo que hoy llamaríamos organización territorial y prospectiva. Era necesario saber cuanta madera se necesitaba para las construcciones, como acceder a ella, como alimentar las poblaciones, que recursos había disponibles y en cuanto tiempo podrían reciclarse. Los estudios etnobotánicos van aun mas lejos y explican que la selva amazónica en gran parte benefició de una lógica de manejo medio ambiental que aumentó la biodiversidad y los recursos naturalmente disponibles. Y esto, que parece un detalle, nos precipita completamente en el debate actual sobre la biodiversidad, preservación intocada o manejo razonable de los recursos? Eje de un debate aun mayor, sobre el manejo de los recursos disponibles en el planeta y la manera de administrarlos. Tema que evidentemente esta vinculado al agua y al petróleo, a la atmósfera y a la producción de alimentos, a la guerra en Irak, al problema palestino, a las formas de administrar la Antártida, a la conferencia de Kioto, a la pobreza en el mundo, a las migraciones internacionales…. Tema que nos interpela sobre nuestra lectura ética, sobre los valores con los que se construye la sociedad, sobre la distribución internacional del trabajo y los roles que asumen o les tocan los países del norte y del sur . Pero a su vez este aporte del conocimiento en la lectura de la realidad nos abre otros caminos de reflexión, pone en marcha ancestrales circuitos de la memoria que nos proyectan al futuro. Esa luz, apenas incipiente del desarrollo humano, diferente, alternativa y que cada vez parece revelarse como un camino de supervivencia para la especie, fue extinguida, apagada por la conquista, por el deseo de encontrar una riqueza fácil con la que se habría de construir el desarrollo industrial. En esa extinción del sentido común, de equilibrios entre la sociedad humana y la naturaleza, se borraron de nuestra memoria, experiencias irrepetibles, conocimientos de una dimensión desconocida, una cosmogonía que no tenia dioses idénticos a los hombres sino una dinámica de re encarnaciones sucesivas de la vida en árbol, planta o pez, una sabiduría que les permitió sobrevivir durante miles de años, en todo caso muchos mas que el período de nuestra historia, en perfecta armonía con su medio ambiente. Es cierto que es imposible, con la actual demografía, pretender reinstalar esas economías, esa óptica para el planeta entero. Pero quizás podamos poco a poco aceptar los caminos alternativos, recuperar las señales de sabiduría de otras experiencias humanas y deslizarnos poco a poco hacia la apertura de futuros en donde no haya mas una única verdad, un único camino, un poder opresor y autoritario que nos enseñe la razón. Estamos quizás ya en el fin de las certezas y la arrogancia antropocéntricas, ojalá que iniciemos el futuro con la sabiduría, la inocencia y el candor de quien descubre un nuevo sueño, un camino hacia el horizonte, una nueva utopía.
Desde Paris, Francia - Fernando Lema. http://www.fernandolema.com.ar Referencias: Science, 19 de setiembre 2003, Heckenberger and coll. Revista
Pesquisa FAPESP N° 92 Octubre 2003 | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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