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1410 AM Libre - 10/03/04

 

De otoños y amaneceres primaverales

 

Paris, a pesar del aire frío matinal, de las nevadas pasajeras, ya empieza a adquirir tonos, colores y una intensidad luminosa primaveral. En estas latitudes septentrionales la primavera representa una explosión de la vida, de la naturaleza, de las actividades sociales y culturales. Este es un mes de festivales, de cine, de musica, pero además el mes de la poesía y el que conmemora la jornada internacional de la mujer, desde 1945. Pero también parece ser el de la agudización de los conflictos sociales, en medio de un clima político de campaña pre electoral para las elecciones regionales y cantonales en Francia.

 

En Paris la semana comenzó agitada en el medio de la investigación científica. Miles de responsables de laboratorios de Francia decidieron suspender sus actividades administrativas en protesta frente a la actitud gubernamental de no acordar un mayor presupuesto para la investigación científica y congelar el reclutamiento de investigadores jóvenes. Esta medida de protesta no suspende la investigación en los laboratorios sino todas aquellas actividades vinculadas a las evaluaciones, participación en comisiones, informes, tramites administrativos, que ocupan una gran parte de la actividad cotidiana de un científico.

Ayer decenas de miles de investigadores, después de concentrarse frente a la Intendencia de Paris, el Hotel de Ville, desfilaron hasta el ministerio de la investigación reclamando un cambio en la política gubernamental. La noticia ocupo la primera plana de los informativos radiales, televisivos y la prensa escrita. Las encuestas de opinion muestran que el 80% de la población francesa aprueba estas demandas. Pero en Francia, igual que sucede en la mayor parte de los países los ciudadanos se preguntan, para que sirve la ciencia? , esta actividad generalmente tan poco conocida del público.

La ciencia sirve para analizar la realidad, para pensar el mundo, para identificar las leyes que regulan la naturaleza, para generar indicadores que muestren las tendencias sanitarias, sociales, económicas, energéticas….

Las actividades científicas, se fueron transformando en las sociedades modernas, en un elemento estratégico clave para el desarrollo de las naciones, en todas sus áreas. Porque la política no es el arte del discurso sino la manera de poder entender, interpretar y transformar la realidad, evitando los grandes desgarramientos sociales, las rupturas entre el crecimiento económico, social, el respeto de la naturaleza y poder generar nuevos equilibrios compatibles con la vida. Y para ello existen leyes, métodos, que exigen una aproximación técnica precisa. Porque la realidad no se imagina ni se inventa, se lee, se interpreta, esa es la tarea de la ciencia y de los miles de mujeres y hombres que se ocupan en diferentes áreas del conocimiento de esta actividad.

El análisis de la realidad, su proyección futura y sus posibilidades de transformación, constituye el objeto de los políticos. Ambas actividades, científicas y políticas están estrechamente unidas en las sociedades modernas. Por eso la participación equitativa de todos los miembros de la sociedad es esencial para la definición de las actividades políticas y para transformar la realidad, desde su comprensión, desde el imaginario individual y colectivo.

Sin embargo no es lo que sucede en todas las sociedades del planeta. Las actividades científicas y políticas las realizan un pequeño numero de individuos. Y una inmensa mayoría de la sociedad permanece al margen de la interpretación de los datos de la realidad, de la elaboración de planes para la transformación productiva y social. Pero además no participan de manera equitativa todos los sectores sociales, todas las regiones del país y ni siquiera lo hacen de manera equitativa hombres y mujeres.

A pesar de que la enseñanza y las leyes no son discriminatorias, en Uruguay las cifras muestran una muy reducida presencia de mujeres en puestos de decisión y una alta discriminación laboral. Las actividades políticas, profesionales o científicas no escapan a esta regla. A pesar de que las mujeres representan un número mayor de egresados universitarios que los hombres, son los hombres los que acaparan los puestos de decisión. Las mujeres tienen mas dificultades para ingresar al sistema laboral, menos oportunidades y posibilidades de ascenso y son mas víctimas del desempleo que sus colegas masculinos. Simplemente algunas cifras para ilustrar esta diferencia. De los 463 investigadores financiados en proyectos del CONICYT, dos tercios son hombres, cuando el porcentaje de egresadas universitarias supera al masculino. Pero mas grave aun es la discriminación en los puestos de responsabilidad, de los 238 directores de proyectos, 3 de cada cuatro son hombres. En las comisiones asesoras del Consejo Nacional de ciencia y tecnología, en cinco años las integraron solo 37 mujeres de las 254 personas que por allí pasaron.

Sin embargo esta discriminación en contra de las mujeres no se resuelve simplemente aumentando la participación femenina en el trabajo. El problema es mas complejo.

En un trabajo de investigación realizado en el Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de la Republica por la sociologa Karina Batthyany se muestra que: “la participación económica de las mujeres en el mercado de trabajo aumentó significativamente. Del 38% en 1980 pasó a ser 51% en 2001, mientras que la tasa de actividad masculina se mantuvo estable en 72% durante ese período. La actividad laboral femenina es más elevada entre los 25 y 34 años de edad llegando al 76%, aunque también la tasa masculina sube al 97% para la misma edad”. El mismo estudio revela también que “son las mujeres con mayores niveles de educación las que obtienen mayores y mejores posibilidades laborales, observándose el mismo hecho para los países limítrofes y las naciones desarrolladas”, lo que tiene consecuencias en la selección migratoria de las mujeres. Migran mujeres y hombres con mayores posibilidades laborales en el exterior, vaciando el país de sus recursos humanos mas calificados. Esta feminización creciente del mercado laboral, que obedece seguramente a razones mas económicas que de equidad tiene un gran impacto cultural, social y familiar. El mismo estudio revela que “la tradicional familia de una pareja con dos hijos ya no existe mas que en un tercio de los hogares, los dos tercios restantes corresponden a arreglos familiares de todo tipo, desde los hogares unipersonales a los hogares monoparentales”.

Todos estos cambios progresivos de la sociedad modifican “la estabilidad, la conformación de las parejas, el numero de hijos por mujer, la edad en que se tiene el primer hijo y por consiguiente la identidad femenina”, afirma Karina Batthyany. Porque mientras que la realidad social se transformaba con la incorporación de la mujer al mercado laboral, la lectura cultural de la familia cambió mas lentamente y las mujeres siguen estando mayoritariamente a cargo de las actividades domesticas, de sus hijos y del cuidado de las personas mayores de sus familias, como en los tiempos en que no trabajaban fuera del hogar. Surge entonces una nueva pregunta a la que la sociedad deberá responder, “como articular la doble función de trabajo y familia?” Como lograr que las mujeres ingresen al mercado laboral sin ser penalizadas por una sobrecarga de trabajo? Sin duda que será necesario un cambio cultural en la lectura masculina, pero también en el marco de las políticas sociales que deberán asumir el desafío que representa la igualdad de oportunidades para hombres y mujeres en la sociedad.

Desde hace ya muchos años que mujeres y  hombres se interrogan y participan en diferentes actividades para lograr equilibrar la balanza social y se han realizado importantes progresos, al menos en la toma de conciencia de problemas que hace algún tiempo no eran tomados en consideración. También han emergido nuevas situaciones, resultado de la evolución del mercado de trabajo, de la mundialización de las culturas, de la difusión de la información, del acceso a la sociedad del conocimiento.

Hace ya nueve años que en Beijing, sede de la Cuarta Conferencia Mundial sobre las Mujeres, las 36 000 participantes le recordaron al mundo que no eran huéspedes del planeta, tan inmensas eran las exclusiones. Y esto hoy sigue siendo tan cierto como hace nueve años, porque la inestabilidad del mundo, las amenazas sobre la paz , los permanentes conflictos y la injusticia social no solamente le niegan su lugar en el mundo, se lo destruyen. Le destrozan sus campos, sus escuelas, sus maternidades, sus valores, sus cuerpos y el de sus hijos.

Las mujeres que son la mitad del mundo, siempre son mas pobres, tienen menos acceso a la salud, a la cultura, a la educación. De los 900 millones de analfabetos que hay en el mundo, dos de cada tres son mujeres, y la situación permanece incambiada desde hace 20 años. A pesar de estar en el eje de las injusticias la fractura económica no es la única causa. La distancia es cada vez mayor entre las esperanzas y las posibilidades que tienen los pueblos para acceder al desarrollo a través del conocimiento. Esta desigualdad es la que compromete el futuro y genera fuertes tensiones sociales, entre quienes ven cada vez mas limitado su acceso a la salud, a la educación, a la mayor parte de las aplicaciones sociales y productivas del conocimiento.

Por eso es necesario cambiar las reglas de juego, para que no se sigan amplificando las fracturas que conducen a aumentar las desigualdades sociales y conducen a la violencia.

Este cambio no es una es una tarea imposible. Pero solamente podrá impulsarse en el marco de una nueva lectura de la realidad, que conduzca a restablecer el valor del pensamiento, la razón critica, la negociación, que permita elaborar nuevos conceptos educativos y la participación plena de mujeres y hombres en la generación de alternativas, de manera de hacer posible su convivencia en una sociedad mas solidaria, mas justa y mas humana.

Es necesario que conjuntamente mujeres y hombres contribuyan a identificar el verdadero origen de la desigualdad y no creer que la paridad, el desarrollo equitativo, la justicia social llegarán automáticamente con el desarrollo económico. El pleno empleo, el crecimiento económico, la acumulación de riquezas no generan automáticamente la solidaridad, el respeto a las diferencias, el desarrollo, el trabajo en equipo, el equilibrio entre la dimensión social y medio ambiental, la construcción de nuevos valores éticos y morales.

Recién cuando el ser humano deje de ser una mercancía, cuando la cultura de paz desplace a la permanente destrucción de la guerra, cuando la violencia económica y sus consecuencias sociales sean remplazadas por un desarrollo equilibrado que represente la expresión de los pueblos en su diversidad, cuando los equilibrios sociales y medioambientales ocupen el centro de la reflexión política y la educación en valores se practique en todas las escuelas y estratos sociales, cuando el conocimiento no sea mas un vector de desigualdad sino de enriquecimiento cultural y social, cuando la dimensión ética y estética se incorporen al pensamiento cotidiano, estaremos inaugurando un nuevo camino de esperanzas. Quizás ya no sea necesario recordar cada 8 de marzo que las mujeres existen, existirán plenamente en la vida afectiva, social, cultural y política de los pueblos.

Carmen Yánez, poeta, a quien descubrí recientemente en una pagina web dice:

 

Cuánto otoño

inundando la tierra

y un color crepuscular

en la corteza

 

Que diagnostico y que esperanza de futuro!!! Desde el mes de la poesía, desde Paris, anunciando la primavera, estuvo con Uds. Fernando Lema

 

 Desde Paris, Francia - Fernando Lema. http://www.fernandolema.com.ar


 


 

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