En
medio de un océano de incertidumbres mundiales, con un clima de guerra
fría, nuevamente con olor a petróleo, que se instala en Ucrania y una
guerra caliente en diferentes escenarios planetarios, América Latina, a
pesar de sus dificultades, de la injusticia social que no retrocede, de
los pobres que siguen siendo casi dos tercios de la población regional,
322 millones, como nos recuerda en su reciente informe la CEPAL, nos
alienta semanalmente con buenas noticias, desde el ámbito de donde
pueden provenir las noticias mas relevantes, las que realmente harán
posible los cambios en esta etapa de la historia, los acuerdos políticos
para avanzar hacia la integración regional, hacia una nueva fase de la
independencia americana.
En
un momento de fracturas, de violencias, de inmensas dificultades
sociales, producto de una lectura reducida del mundo, minimizada en la
dimensión económica, de competencias entre naciones que van desde la
guerra comercial hasta la intervención militar por la posesión de los
recursos naturales la reacción integradora de las cúpulas políticas de
América Latina no es solamente una excelente noticia sino una lección de
paz y solidaridad para el mundo. Dos importantes eventos recientes
marcan estos caminos.
El
primero se realizó la semana pasada en Buenos Aires, la reunión Cumbre
de Mercociudades. Un excelente evento regional presidido por Mariano
Arana en su carácter de secretario saliente de la Red Mercociudades,
integrada por 123 municipios del MERCOSUR, y por Aníbal Ibarra, el
gobernador de Buenos Aires, quien ejercerá el próximo año la secretaría
de la Red. Fue una reunión de intercambio, integración y solidaridad
entre equipos municipales de 123 ciudades del MERCOSUR que coordinan,
intercambian experiencias y programan actividades para mejorar la
calidad de vida de sus ciudadanos.
En
este momento en Cuzco están reunidos representantes del mas alto nivel
de Argentina, Brasil, Chile, Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador, Colombia,
Venezuela, Surinam, Guyana y Uruguay, con
México y Panamá en calidad de observadores,
en la III Cumbre de Presidentes de América del Sur para dar un paso
histórico de primera importancia para la región, dar nacimiento a la
Comunidad Sudamericana de Naciones.
Los
presidentes firmarán un documento que se dará a conocer como Declaración
del Cuzco, con vista a la creación de la Comunidad Sudamericana de
Naciones, que contará con 360 millones de habitantes y una extensión de
17 millones de kilómetros cuadrados.
La
ciudad de Cuzco o Cusco como se escribe en quechua, la capital del
Imperio de los Incas, y la de Ayacucho, lugar donde se selló la
independencia americana de España en 1824, son las sedes de la III
Cumbre Sudamericana, donde se firmará este histórico paso en pos del
sueño de Simón Bolívar.
Cuzco, al sureste de Lima y a 3.400 metros de altura, fue conocida como
"el ombligo del mundo" desde que fue la capital del Imperio de los
Incas.
Ayacucho, a 575 kilómetros al sureste de Perú, es la cuna de las dos
civilizaciones más importantes en la época anterior al Imperio de los
Incas, los Huaris y los Chancas. Y justamente mañana, día en que se
conmemora el 180 aniversario de la Batalla de Ayacucho que permitió la
independencia de Perú y Bolivia de los españoles tras tres siglos de
presencia colonial, se firmará la declaración que dará inicio a la
Comunidad Sudamericana.
Los países de la Comunidad Andina de Naciones (Bolivia,
Colombia, Ecuador, Perú y Venezuela), del Mercosur (Argentina, Brasil,
Paraguay y Uruguay), más Chile, Guayana y Surinam, darán un paso mas en
el camino del estratégico sueño bolivariano.
Porque el área de Libre Comercio de América promovida por Washington,
es un camino estrecho, un camino de competencia y no de solidaridad, de
abrir fronteras hacia las inversiones sin recibir casi nada, algo muy
parecido a un trato neocolonial con América Latina. La consolidación del
MERCOSUR primero, impulsada por Brasilia, Buenos Aires y Caracas, y
ahora este camino amplio hacia la comunidad sudamericana de naciones
parece perfilarse como la vía hacia la Segunda Independencia.
Durante muchos años se habló de integración sin haberse dado grandes
pasos, a pesar de ser la integración la condición esencial para avanzar
en la libertad de sus pueblos y sus Estados. Sin embargo recién ahora
parecen darse las condiciones objetivas para realizar el sueño de la
nación latinoamericana, que tanto anhelaran nuestros próceres.
Sorprendentemente fue la aplicación del neoliberalismo económico de la
manera más aguda, con sus métodos privatizadores y el incremento de la
pobreza, de la desocupación, de los problemas de salud, la que generó
los cambios políticos que hacen posible que hoy Brasil, Argentina,
Chile, Paraguay, Venezuela y próximamente Uruguay hablen con una misma
voz, la que marca los caminos de la unidad, de la valorización de lo
propio, de la solidaridad y de la independencia.
Fue
en la América Latina del Plan Colombia, con mas olor a petróleo que a
lucha contra la droga y la violencia, de la dolarización forzada, de las
políticas agresivas de Washington contra el planeta entero en todos los
terrenos, ambientales, económicos, militares, que emergió el deseo de
independencia y unidad en una Patria Grande como nunca había podido
expresarse anteriormente, aunque fuera soñada por muchos.
Los
funcionarios gubernamentales acordaron reunirse nuevamente dentro de
sesenta días para profundizar los temas de la integración, que incluyen
la creación de un Parlamento, de un instituto monetario, el
perfeccionamiento de una política económica conjunta, la priorización de
la dimensión social, medidas contra el desempleo y la integración de
nuevos países a este Bloque de Poder Regional.
En Asunción se dieron los primeros pasos que conducen a este evento
histórico del día de hoy en que se generan las condiciones necesarias
para la emancipación definitiva. Ahora falta por conquistar la condición
indispensable: la integración de las sociedades a las acciones
transformadoras de nuestra realidad.
La alegría, la esperanza, la mirada puesta en el futuro, que parecen
poco a poco instalarse en nuestros pueblos quizás vuelvan a ser
elementos de la identidad nacional para desplazar el escepticismo, la
incredulidad o el inmovilismo critico que muchas veces caracterizan el
comportamiento de nuestras sociedades. En Uruguay, el cambio elegido,
que se integra de manera perfectamente complementaria a la corriente de
independencia de América Latina, representa una crítica hacia el pasado
y una mirada hacia el futuro. Los ciudadanos censuraron los
comportamientos y actitudes políticas propias de otro tiempo y
decidieron impulsar el desarrollo de un país moderno plenamente
insertado en la región y en el mundo. Ahora entonces es el momento de
poner en marcha los mecanismos que harán posible esa transformación. Y
esas herramientas para el cambio no se encuentran solamente en la
designación de los responsables de la dirección política del gobierno,
sino que nacen principalmente desde la organización de la sociedad.
"Lo esencial es invisible a los ojos", "solo se puede ver con el
corazón", le decía el zorro al Principito desde la pluma de Antoine de
Saint Exupery.
Es quizás por esos caminos que debería también incursionar la prensa,
darle la palabra a la sociedad que fuera durante tantos años invisible,
abrir los espacios a la gente que nunca los tuvo, encontrar a los
interlocutores sociales, a las organizaciones que han identificado
problemas y traerlos a la primera plana del debate social. Los
reflectores mediáticos deberían orientarse hacia los verdaderos actores
del cambio y no solamente hacia sus representantes. Porque los
ciudadanos están en el corazón de la realidad y son los que piden el
cambio para transformar su vida. Pero además porque es necesario
estimular, promover, las diferentes formas de organización social para
lograr que los ciudadanos identifiquen sus necesidades, la manera de
acceder a ellas, impulsarlas en las instancias correspondientes del
gobierno por medio de los espacios de interacción entre gobierno y
sociedad que serán creados. Espacios de participación que no deberían
ser solamente ventanillas de entrada de los reclamos sociales sino
terrenos de análisis, de convergencia, de acciones transformadoras, pero
sobretodo de compromiso responsable entre las partes, entre los
gobernantes y la sociedad.
Cambiaron los tiempos. Avanzamos hacia un nuevo contrato social. Ahora
se trata de impulsar la creación de asociaciones de ciudadanos que
identifiquen los problemas concretos de la sociedad para poder servir de
enlace entre el "terreno" y lo "decisional". Porque es imposible
gobernar sin tener los ojos y los oídos en el terreno. Es muy difícil
organizar y transformar eficazmente los elementos de la realidad sin el
conocimiento cercano de la misma. Pero además es necesario conocer la
opinión, los intereses de las personas, sus ideas, para poder organizar
el futuro. Porque la organización del futuro es un dialogo permanente e
interactivo entre todos los actores sociales. Así nace y se hace posible
la organización territorial y social, la organización urbana, los
estudios prospectivos.
Es necesario transformar el presente y organizar el futuro desde la
sociedad para conseguir los cambios reales y posibles. Sin lugar a dudas
no es fácil estimular la participación, lograr que la gente que durante
toda su vida no fue convocada mas que para votar, de pronto asuma la
responsabilidad de cambiar la vida, mejorando su lugar de trabajo, la
escuela de su barrio, los comedores infantiles, la calidad de los
productos que consume, disminuyendo las trabas burocráticas para
simplificar la vida cotidiana, la posibilidad de acceder a sus derechos
y defenderlos, introducir nuevas tecnologías para mejorar su vida
cotidiana, preservar los equilibrios medioambientales, construir
valores, educarse a lo largo de toda la vida, darle una dimensión ética
y solidaria a la convivencia social.
La participación ciudadana es un largo camino de aprendizaje en la
convivencia, adonde a cada paso se suman gratificaciones, se resuelven
problemas, pero sobretodo adonde los ciudadanos adquieren una clara
percepción de su realidad y de los limites para transformarla. Un
gobierno con participación ciudadana deja de ser un receptor de demandas
insatisfechas para convertirse en un eficaz gestor de las necesidades
ciudadanas en el marco de una realidad bien conocida.
Esa es la clave de una buena gestión gubernamental, que gobernantes y
gobernados se impliquen responsablemente en la resolución cotidiana de
las demandas ciudadanas.
Allí no hay lugar para engaños ni decepciones, no queda mas lugar para
la demagogia, para los espejitos de colores, porque el país se embarca
en el conocimiento de la realidad para su mejor transformación posible,
responsable, compatible con el crecimiento social, con la protección
medioambiental y para ello necesita la participación solidaria de todos
los ciudadanos.
Es la condición necesaria y sustancial de la independencia, que cada
ciudadano asuma la construcción de la realidad en la que quisiera vivir.