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Salir del neoliberalismo construir los equilibrios de la vida Esta semana de vacaciones, de turismo, de conmemoración religiosa, de lenta transición entre dos estaciones, es un momento de cambio, de inicio de una nueva etapa, que también se presta para la reflexión, para el análisis que permita desplazarnos, tomar distancia de los temas coyunturales, cuya proximidad a veces nos impide observarlos desde ángulos diversos, desde lecturas plurales, pero sobretodo que nos impide mirar los horizontes y darle a las diferentes situaciones una proyección, una lectura estratégica y de alguna manera construir en nuestro imaginario el modelo de país en el que quisiéramos vivir. Hay varios temas que se han instalado en la reflexión y en la agenda social latinoamericana y que poco a poco ocupan un lugar central en las políticas de los países de la región. Uno de ellos es la manera de tomar progresivamente distancia del modelo económico neoliberal. Este modelo
neoliberal afectó seriamente a las sociedades de nuestros países,
debilitó a los Estados nacionales al poner en el centro de la sociedad al
mercado, como eje regulador de todos los ámbitos de la vida; destruyó las
industrias dedicadas al mercado interno que habían crecido progresivamente
desde los años 30, pero además polarizó las sociedades creando un pequeño
grupo de nuevos ricos, mientras aumentaron las poblaciones de marginados y
desocupados, y empobreció a sectores de las capas medias. En ese choque
neoliberal de las últimas décadas nuestras sociedades se fueron
desdibujando, perdiendo las características adquiridas a lo largo de
decenas de años de negociaciones y luchas sociales, que fueron las que
configuraron los rasgos específicos de nuestros Estados sociales,
imperfectos, es cierto, pero que se vieron agravados por las profundas
desigualdades sociales generadas por las políticas neoliberales.
Esta fractura no se
registraba en los modelos económicos precedentes, ya que el “progreso
social” tendía a representar el "interés general" de los trabajadores. El
consenso social ya no existe y es por eso que emergen nuevas expresiones
reivindicativas, antes olvidadas, las de los sin tierra, los movimientos
indigenistas, los habitantes de los barrios pobres en las periferias de
las grandes ciudades, como los piqueteros argentinos y los vecinos de El
Alto en Bolivia. Pero además en los últimos años los sindicatos
tradicionales fueron perdiendo representación y capacidad de negociación y
los espacios reivindicativos fueron ocupados poco a poco por los sectores
marginalizados por el neoliberalismo. Esta inmensa desigualdad social representa una gran dificultad para el cambio. Especialmente cuando los mayores desafíos para el crecimiento de nuestras naciones se encuentran en la construcción y en la consolidación de la sociedad del conocimiento. Una sociedad en la cual todos los individuos son absolutamente necesarios, para generar innovación, creatividad, para incorporarle valor a las materias primas cuyos precios dependen de variables aleatorias como el clima, el desarrollo tecnológico, de mercados en los cuales nuestra incidencia es poco significativa y que por lo tanto escapan a nuestra posibilidad de regular precios o demandas. Pero además la inmensa
desigualdad social generada por las políticas neoliberales no solo limita
las posibilidades de crecimiento económico. La sociedad se priva de muchos
de sus ciudadanos más capaces, que no pueden desarrollar su talento ni
emprender nuevas actividades económicas por falta de acceso a la educación
y al crédito. La desigualdad conduce a altos niveles de violencia y a
tensiones sociales que no permiten el desarrollo de instituciones eficaces
ni respuestas rápidas ante choques económicos adversos. Un país con alta
desigualdad tiene que crecer tres veces más rápido que uno con baja
desigualdad, para conseguir el mismo efecto en la reducción de la pobreza.
Dos niños que nacen en un mismo país al mismo tiempo, pero en situaciones
sociales diferentes, enfrentan opciones de vida enteramente distintas.
Esta desigualdad en las oportunidades es quizá el aspecto más aberrante de
la desigualdad latinoamericana, tanto desde el punto de vista ético,
moral, como económico.
Desde el interior del país, en Uruguay - Fernando Lema. http://www.fernandolema.com.ar | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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