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1410 AM Libre - 07/04/04

Salir del neoliberalismo construir los equilibrios de la vida

Esta semana de vacaciones, de turismo, de conmemoración religiosa, de lenta transición entre dos estaciones, es un momento de cambio, de inicio de una nueva etapa, que también se presta para la reflexión, para el análisis que permita desplazarnos, tomar distancia de los temas coyunturales, cuya proximidad a veces nos impide observarlos desde ángulos diversos, desde lecturas plurales, pero sobretodo que nos impide mirar los horizontes y  darle a las diferentes situaciones  una proyección, una lectura estratégica y de alguna manera construir en nuestro imaginario el modelo de país en el que quisiéramos vivir.

Hay varios temas que se han instalado en la reflexión y en la agenda social  latinoamericana y que poco a poco ocupan un lugar central en las políticas de los países de la región. Uno de ellos es la manera de tomar progresivamente distancia del modelo económico neoliberal. 

Este modelo neoliberal  afectó seriamente a las sociedades de nuestros países, debilitó a los Estados nacionales al poner en el centro de la sociedad al mercado, como eje regulador de todos los ámbitos de la vida; destruyó las industrias dedicadas al mercado interno que habían crecido progresivamente desde los años 30, pero además polarizó las sociedades creando un pequeño grupo de nuevos ricos, mientras aumentaron las poblaciones de marginados y desocupados, y empobreció a sectores de las capas medias. En ese choque neoliberal de las últimas décadas nuestras sociedades se fueron desdibujando, perdiendo las características adquiridas a lo largo de decenas de años de negociaciones y luchas sociales, que fueron las que configuraron los rasgos específicos de nuestros Estados sociales, imperfectos, es cierto, pero que se vieron agravados por las profundas desigualdades sociales generadas por las políticas neoliberales.

Pero no todos perdieron con el neoliberalismo Este modelo no benefició sólo a las elites de cada país; por eso sus principales impulsores ganaron varias elecciones con amplio respaldo popular.  Uno de los cambios sociales más profundos que produjo el neoliberalismo es haber fracturado el mundo del trabajo: una parte minoritaria, pero significativa, conservó sus derechos laborales y sociales, mientras la mayoría de los trabajadores, y una porción creciente de las capas medias, fueron empujados a la marginalidad.

La suma de desocupados y trabajadores informales oscila entre un mínimo del 45% y llega hasta más del 70% de la población activa en algunos países de América Latina. Pero además sus condiciones de vida empeoraron en la última década de forma alarmante.  El grupo de los que aún mantienen un trabajo fijo y estable en el sector privado -aún percibiendo salarios relativamente bajos- pudo eludir la caída en el abismo, pero no representan más que entre el 10 y el 20% de la población activa de cada país. Mientras tanto más de la mitad de la población se hundió en la pobreza.


Uno de los efectos más perversos del neoliberalismo, es que los que más necesitan romper con él, tienen muchas dificultades para organizarse ya que fueron marginados del modelo, de los sindicatos, de sus estructuras de expresión y participación.

Esta fractura no se registraba en los modelos económicos precedentes, ya que el “progreso social” tendía a representar el "interés general" de los trabajadores. El consenso social ya no existe y es por eso que emergen nuevas expresiones reivindicativas, antes olvidadas, las de los sin tierra, los movimientos indigenistas, los habitantes de los barrios pobres en las periferias de las grandes ciudades, como los piqueteros argentinos y los vecinos de El Alto en Bolivia.  Pero además en los últimos años los sindicatos tradicionales fueron perdiendo representación y capacidad de negociación y los espacios reivindicativos fueron ocupados  poco a poco por los sectores marginalizados por el neoliberalismo.

El gran problema para salir del neoliberalismo en América Latina, es que el principal sujeto social de los cambios ya no son los trabajadores en su conjunto, sino el sector más pobre, los llamados marginalizados, con escasos espacios de expresión o negociación. La ruptura con el neoliberalismo tendrá que "privilegiar" a estos sectores, tanto en lo económico como en lo social, lo político y lo cultural. Y sin lugar a dudas armonizar los intereses de las mayorías marginalizadas, victimas de la extrema desigualdad generada por el sistema y los de los trabajadores, será la difícil ecuación política de los futuros gobiernos.

Esta inmensa desigualdad social representa una gran dificultad para el cambio. Especialmente cuando los mayores desafíos para el crecimiento de nuestras naciones se encuentran en la construcción y en la consolidación de la sociedad del conocimiento. Una sociedad en la cual todos los individuos son absolutamente necesarios, para generar innovación, creatividad,  para incorporarle valor a las materias primas cuyos precios dependen de variables aleatorias como el clima, el desarrollo tecnológico, de mercados en los cuales nuestra incidencia es poco significativa y que por lo tanto escapan a nuestra posibilidad de regular precios o demandas.

Pero además la inmensa desigualdad social generada por las políticas neoliberales no solo limita las posibilidades de crecimiento económico. La sociedad se priva de muchos de sus ciudadanos más capaces, que no pueden desarrollar su talento ni emprender nuevas actividades económicas por falta de acceso a la educación y al crédito. La desigualdad conduce a altos niveles de violencia y a tensiones sociales que no permiten el desarrollo de instituciones eficaces ni respuestas rápidas ante choques económicos adversos. Un país con alta desigualdad tiene que crecer tres veces más rápido que uno con baja desigualdad, para conseguir el mismo efecto en la reducción de la pobreza. Dos niños que nacen en un mismo país al mismo tiempo, pero en situaciones sociales diferentes, enfrentan opciones de vida enteramente distintas. Esta desigualdad en las oportunidades es quizá el aspecto más aberrante de la desigualdad latinoamericana, tanto desde el punto de vista ético, moral, como económico.

Una estrategia de reducción de la desigualdad como alternativa para salir del modelo neoliberal y construir una sociedad del conocimiento facilitaría el crecimiento económico, disminuiría la violencia, aumentaría las posibilidades de inserción regional e internacional de nuestros países, pero sobretodo pondría en el centro de la vida de la nación a los individuos, tan marginalizados durante décadas en beneficio de un crecimiento económico que nunca llegó a generar beneficios sociales sino que levanto nuevos muros en el mundo, muros dentro de los Estados, dentro de las ciudades, entre los barrios, entre el norte y el sur, aun mucho mas terribles que el muro este oeste, que ocupo durante décadas las conciencias de los ciudadanos mientras al interior de sus países se levantaban inmensos muros de opresión social.

 

 Desde el interior del país, en Uruguay  - Fernando Lema. http://www.fernandolema.com.ar


 

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