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1410 AM Libre -
06/10/04
Preelectorales
A una semana de mi retorno el re encuentro
con Montevideo en este momento de la historia del país es de una inmensa
dimensión política, social, además de afectiva. Recorriendo las calles
montevideanas, el elemento que focaliza la atención de una manera
prioritaria es el desarrollo de la campaña de los partidos políticos
frente a las próximas elecciones parlamentarias y presidenciales. Esa vida
nómade que mantuvimos durante treinta años nos permite en este instante
político recordar campañas vividas en otras latitudes de América y de
Europa, en otros contextos culturales y políticos, pero también los
nítidos recuerdos de anteriores campañas nacionales. Y compararlos con
esta campaña política.
El hecho mas destacado es, a pesar de pequeñas derivas puntuales o la
circulación de rumores cuyas fuentes son cada vez más identificables, la
ausencia de expresiones de agravio, el clima de tranquilidad y respeto
entre los candidatos y con la ciudadanía.
Pareciera que cada candidato camina por sus propios carriles sin amenazar
ni intimidar a nadie, sin polemizar esterilemente, en esas falsas
contiendas u oposiciones que a veces se instalan, cuando lo esencial es
explicar los propios programas, las propuestas, las iniciativas para que
la ciudadanía pueda elegir comparando, aquellas que mejor representan sus
intereses y su futuro. El Uruguay, en esta campaña, mas que en otras
precedentes, parece haberse instalado en una madurez política que
probablemente representa muchas cosas. Por un lado la dimensión de la
crisis vivida, no solo la económica, sino la crisis de valores, de
perspectivas, de lugar en el mundo, seguramente hace que el momento que se
vive no sea el mismo que el vivido en otras
oportunidades. Ahora más que dar vuelta una página de la historia,
pareciera que los uruguayos se prepararan con solidez y convicción para
mirarse a si mismos y elegir una nueva manera de vivir el futuro. Como si
la crisis profunda que vivió el país se hubiera
transformado en oportunidad y no en derrota, como si en una sabia mezcla
de intuición, afecto y racionalidad los ciudadanos hubieran decidido
instalarse en la primavera de la vida, creyendo con convicción que es
posible construir un nuevo país. Porque de eso se trata. Pero además
sabiendo que no se puede encontrar lo propio, multiplicar lo endógeno,
desde el aislamiento, sino que se necesita potenciar las redes de la
participación y de la solidaridad. Que el país necesita abordar los
desafíos del futuro con
todos sus ciudadanos y para ello es necesario adoptar políticas
educativas, sociales, económicas de inclusión y no de selección. Y que
para ello habrá que elegir los mejores caminos para una adecuada inserción
regional e internacional. También siendo concientes de que el mundo
cambió, que la realidad ya no es mas la misma y que la acelerada
mundialización económica en el marco de un modelo neoliberal que fracasó
exige otras respuestas, otras alternativas, la consolidación de nuevos
ejes geopolíticos y de nuevas reglas de convivencia internacional adonde
lo central sea lo humano y su equilibrio con la naturaleza. Es decir un
mundo ético, responsable con sus sociedades y con la naturaleza, con
nuevos valores centrados en la cooperación y la solidaridad.
El desafío de nuestra sociedad es saber que las herramientas para esa
transformación y la inserción exitosa del país en un nuevo contexto
internacional están disponibles pero que hay que lograr incorporarlas a
los procesos de producción y de negociación internacional. Y es este el
momento de asumir plenamente la construcción de la nueva
identidad que consolide lo propio desde una nueva visión cultural que
amplíe los horizontes, que se proyecte al futuro en estrategias de nación,
de región y no limitadas al período gubernamental. Necesitamos construir
lo posible eligiendo las propuestas innovadoras que abren las puertas de
la realidad permitiendo los sueños. Porque los sueños representan una
actividad necesaria para la expresión social, no solamente reparadora sino
sobretodo prospectiva, imaginativa, creadora. Porque la acción
política no es solamente la gestión de las dificultades del pasado y los
problemas del presente, debe ser también y sobretodo, liberadora de los
sueños. Para que se multiplique la cultura, para que todas las formas de
expresión tengan su espacio, para
poder quedarse en el país y construir futuros, para crear una vasta red
adonde también se puedan abrir espacios para que vuelvan a instalarse los
proyectos, los sueños de los que se fueron porque no tenían horizonte.
A veces pareciera que la sociedad política se encontrara rezagada respecto
a la sociedad civil. Como si la innovación necesaria para leer y
transformar la realidad fuera una urgencia de la sociedad y sin embargo
tuviera muchas dificultades para llegar al
parlamento, a los partidos políticos, a los ministerios.
Probablemente las sociedades avanzaron rapidamente en el acceso a la
información y se expresaron a través de la sociedad civil organizada
expresando su interés en
participar de los procesos de decisión. En cambio las instancias políticas
se encuentran muchas veces abrumadas por gestiones lejanas del interés de
la gente. Por eso es que las sociedades impulsan y eligen la herramienta
de la innovación para ingresar a los
beneficios de la sociedad del conocimiento. Porque el conocimiento es hoy
más que nunca un insumo y un producto de alto valor estratégico, un bien
cuyo valor es mayor que el de las propias riquezas naturales. Al reducirse
los tiempos entre su generación y las aplicaciones productivas o sociales
el conocimiento se transformó en el factor central del crecimiento de las
naciones. Sin embargo, a pesar de que las aplicaciones del
conocimiento difunden en las sociedades generando bienestar, prolongando
la vida humana, y promoviendo nuevas dinámicas económicas, laborales e
industriales, no benefician a todos las personas ni respetan los frágiles
equilibrios medio ambientales. La inmensa dimensión de la pobreza,
de las desigualdades sociales, las dificultades de acceso a la información
y a los beneficios de la sociedad del conocimiento plantea con urgencia la
necesidad de integrar a todos los ciudadanos en una gran red que asuma los
desafíos, responsabilidades y beneficios de la nueva sociedad y asegure,
sobre sólidas bases éticas, el desarrollo humano sostenible.
Para ello, es necesario impulsar una nueva estrategia de crecimiento que
incorpore el conocimiento científico en el marco de nuevos valores éticos,
con responsabilidad social, medioambiental, favoreciendo la integración
social y una equitativa distribución de
la riqueza.
Aun se cruzan en nuestra sociedad dos miradas, una que apunta hacia el
pasado, otra que desde la gestión del presente pretende abrir futuros y
la campaña electoral las refleja fielmente. Por ejemplo resulta
sorprendente ver en la ciudad aun, la existencia de
antiguos clubes políticos, o la estridente propaganda callejera en estos
momentos adonde pareciera que las convicciones electorales se forjan con
argumentos mas que con slogans. Esas imágenes parecen venir del
pasado. Resulta también sorprendente, para un pais adonde un importante
porcentaje de la población tiene acceso a internet y dispone de correo
electrónico que no exista la propaganda electoral a través de ese medio de
difusión, prácticamente gratuito. Seguramente que seria muy practico poder
disponer en la pantalla las listas electorales, los programas de gobierno,
para poder comparar, analizar, decidir.
En los últimos 30 años el avance de las ciencias modificó la imagen
conocida del medio ambiente, del planeta, del universo y generó una
excepcional comprensión de la biología, de la mente humana y de las
sociedades.
Esta nueva lectura de la realidad puede permitir la transformación de
nuestra sociedad, pero necesita ser difundida, profundizada, cultivada,
por medio de la investigación científica, la educación en todos los
niveles y a lo largo de toda la vida para que las
sociedades puedan aprehender y transformar de una manera ética y
responsable su entorno. Ese es el desafío de la hora, el que permite
elegir entre un futuro posible o continuar la pendiente de la declinación
social.
Desde Montevideo, Uruguay
- Fernando Lema.
http://www.fernandolema.com.ar
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