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La fragmentación de la violencia
Con un cielo diáfano y una luz tenue que permite adivinar los colores del otoño, esta semana en Francia y en casi todos los países del hemisferio norte se inician las actividades laborales después de las vacaciones del verano. Pero también es el comienzo de la actividad escolar, un momento de futuro, al ver en las mañanas ya frescas pero soleadas de este verano, a los niños en camino a la escuela, portadores de esperanzas de otro mundo, diferente a este que construimos y que día a día se sumerge en la violencia social, en la violencia de la guerra, en el feroz combate por los recursos naturales. Fragmentación de un mundo que nunca logró la paz desde que la lucha por imponer un pensamiento dogmático, ya sea político, social, económico o religioso aplastaron la diversidad de opiniones, la búsqueda de caminos múltiples a través de los cuales se ejerce la libertad, es decir el derecho al ensayo y error en la búsqueda de nuevos caminos que no encierren a la humanidad en una vía única, probablemente sin salida, sin futuro. La lectura de la prensa de la semana nos deja sin respiración. Esta mañana en Osetia del norte, una pequeña república de la Federación Rusa en el Cáucaso, mas de doscientos niños y 40 padres que los acompañaban a su primer día de escuela fueron secuestrados por un grupo armado y cargado de explosivos. Hace una hora fueron liberados quince niños pero ya hay varias víctimas. La semana pasada la República de Georgia, vecina, exigió el retiro inmediato de las tropas rusas de Osetia del Sur y anunció la casi inminente guerra contra Rusia. Basta mirar el mapa para entender la violencia vivida y anunciada. Por un lado Chechenia y un inmenso conflicto que se agrava con el ocupante ruso y por otra parte el inmenso gasoducto que pasa por esas tierras y lleva los recursos fósiles de las entrañas de la tierra hacia los puertos de Turquía. Ayer hubo 10 muertos y 50 heridos en un ataque suicida checheno en Moscú. La semana pasada dos aviones fueron destruidos en pleno vuelo por una explosión y perdieron la vida 90 personas. Ayer hubo 12 muertos en Kabul al aproximarse las elecciones del 9 de octubre y el domingo se produjo una trágica explosión en la capital. Ayer en un ataque suicida palestino fueron destruidos dos autobuses en Israel y murieron decenas de personas, entre las cuales un niño de cuatro años. Hoy Israel dinamitó la casa de la familia adonde vivía el atacante suicida. Ayer 12 trabajadores nepaleses fueron asesinados en Irak por un grupo islámico diferente al que secuestro a los dos periodistas franceses Christian Chenot de Radio France International, George Malbrunot de Le Figaro y el chofer que los conducía a Najaf desde Bagdad. Hoy manifestaciones enardecidas recorren Katmandú, destruyendo la mezquita, las sedes de las compañías aéreas árabes mientras que el gobierno decreta el estado de sitio. Francia eligió la vía de la negociación y desplegó una acción diplomática sin precedentes en el medio político y de la sociedad civil musulmanes, y no es improbable que los periodistas sean liberados en las próximas horas. Que le está pasando al mundo? En estos días se acumulan las explicaciones y los análisis, se habla de incremento del terrorismo, de grupos islámicos rivales, de lucha contra la invasión de Irak por los EEUU y todo el lenguaje se reduce a ambivalencias en donde siempre hay dos polos antagónicos, el bien y el mal, el que posee la razón y el fanático, el que representa la verdad y el que está en el error, religiosos y laicos y dentro de los religiosos los dueños de dios y los que quieren apropiarse de su imagen. Pero mas allá de todas las consideraciones analíticas, algunas de las cuales hasta parecen sensatas, la causa de toda esta violencia no estará en otra parte? Cuando hace mas de un año y medio, en medio de maniobras diplomáticas y guerreras el ejército norteamericano en nombre de una falsa verdad presidencial invadía el territorio de Irak mucha gente anunciaba el futuro que hoy se vive. Irak mantenía su cohesión política y social, su multiplicidad de clanes, diferentes corrientes religiosas, sunitas, chiitas, fundamentalistas, integrados en un estado laico, de mano fuerte, opresor para muchos, pero no era precisamente lo que le disgustaba al presidente norteamericano, dirigente de un país que promovió, amparó y defendió dictaduras que servían a sus intereses en el mundo entero. El interés estaba en transformar esa parte del mundo en un gran negocio, apropiarse de sus recursos naturales y enseñarles los códigos de la libertad…de consumir. La experiencia europea de muchos años de colonialismo en esas regiones no se equivocaba, el remedio era peor que la enfermedad. Por eso se opusieron fuertemente Francia y Alemania a la invasión a Irak. No porque no les interesaran los recursos del subsuelo, ni el control político de una región de conflictos si no porque sabían que allí estaba el polvorín del planeta. La invasión norteamericana dejó el país sin poder ni control y naturalmente emergieron, se armaron y comenzaron a ejercer su poder los clanes sobre los que se sustentaba el país. Por eso hay decenas de grupos armados que intentan imponer sus intereses, su religión y su verdad. Y en esa confusión también hay oportunistas de la guerra, porque esa es la lección de una invasión adonde se tortura con mercenarios. Adonde las tareas delicadas de la seguridad son realizadas por personal contratado en Africa o en países del medio oriente. Adonde el dinero es el único valor existente y se desprecian los principios morales y culturales del islam. Los EEUU al invadir a Irak hicieron explotar la sociedad, sus mecanismos de contención y las rivalidades religiosas. Además de encender la mecha del precio del petróleo, con cuya diferencia se paga la guerra y se hunden las economías que no disponen de esos recursos. Pero la mecha de la violencia hace tiempo que fue encendida por una humanidad que se orienta a la deriva. Basta leer las cifras de la distribución del gasto público en el mundo. Mientras que los gastos de educación son de apenas 6000 millones de dólares los gastos mundiales de defensa en 2003 fueron de 953 mil millones de dólares, adonde la mitad los hizo EEUU. Se gastan 128 dólares por persona en armas, cuando dos tercios del planeta reciben menos de dos dólares por día para vivir. Se gastan 150 veces mas dinero en armas que en educación. Esta es la clave para comprender lo que pasa en el mundo. Se invierte en herramientas de destrucción y no de paz, porque la guerra es un gran negocio. Y frente a la inmensa proliferación de armas asistimos a una fragmentación de la violencia. Porque los conflictos no son nuevos. La lucha por el agua, por los recursos naturales, por la alimentación forman parte de la historia de la humanidad. Lo que es nuevo es darle a cada individuo la posibilidad de disponer de armas sofisticadas para expresar sus convicciones. Alimentamos la cultura de la violencia y estamos cada vez mas lejos de una cultura de paz. Ese es el verdadero drama de esta coyuntura, mas allá de las terribles situaciones a las que asistimos diariamente. El desafío de conseguir un mundo de paz parece retroceder día a día. Porque mas allá de los conflictos, de la guerra, las dificultades sociales, la desigualdad, el acceso a la salud, a la educación, a la alimentación retroceden cada día en el mundo. Y la paz nace ante todo con la educación, con la justicia, con el derecho a la información de cada individuo. En medio de estas inmensas dificultades mundiales siempre surgen esperanzas, puntuales, pequeñas, quizás insignificantes para el mundo, de las que nos aferramos como náufragos, para sobrevivir. Surgen caminos nuevos, es cierto, también en nuestro continente que parece poco a poco orientarse hacia futuros mas claros. Futuros que a veces adquieren una dimensión geopolítica inmensa pero que sin embargo comienzan desde lo mas pequeño, desde la convicción de cada ciudadano en la necesidad de construir la paz, en la integración, y su decidida participación en la construcción de un mundo nuevo adonde la inteligencia y la capacidad de innovación aportada por cada individuo serán completamente necesarios. Pero no habrá nuevo mundo sin nuevos valores, sin sólidas convicciones éticas y morales por donde transiten las generaciones futuras. Ese es el desafío que tenemos que asumir los que aun creemos que existe una pequeña esperanza en la construcción de la paz. Que no es solo ausencia de guerra, sino una nueva manera de mirar al otro, de mirar al mundo, es un proyecto de sociedad solidario y humano, duradero, sustentable, armónico y respetuoso de las necesidades humanas y medio ambientales.
Desde Paris,
Francia
- Fernando Lema.
http://www.fernandolema.com.ar | |||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||||
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