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Saturday, 22 September 2018
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Etica y pol?tica en tiempos electorales - Una compleja convergencia PDF Imprimir E-mail
Por Fernando Lema

En la campaña electoral, más allá de los debates,  propuestas y programas, hay un tema de fondo que atraviesa con fuerza estas actividades y que merece ubicarse en el primer plano del análisis,  la confluencia entre la ética y la política en tiempos electorales. Desde hace varios siglos las sociedades se interrogan si la política debe someterse a patrones éticos de relacionamiento entre las personas o si la moral es aplicable a estas actividades.
Maquiavelo argumenta que la política es una actividad ajena a la moral adonde el interés es alcanzar los objetivos propuestos. Sus textos explican que el objeto de la política es el poder y que son lícitas todas las vías de acceso. En esos tiempos las sociedades evolucionan en una base moral definida por las normas y el poder creciente de la iglesia que condicionan la política a los valores clásicos, lo que genera una estructura de contención pero a su vez de opresión para la expresión política. Maquiavelo, reacciona frente al poder moral omnipresente en las sociedades clásicas y su pensamiento puede ser considerado liberador de la expresión política de su tiempo.
Las sociedades contemporáneas reciben el inmenso impacto del conocimiento científico, transformador de la cultura y de las normas que rigen el comportamiento social. La lectura de los procesos naturales y sociales incorpora métodos y niveles de objetividad  que amplían los conocimientos pero también acotan el campo interpretativo de la realidad. Sin embargo las normas morales y los principios éticos no acompañan la dinámica producida por el conocimiento científico y los productos de la técnica. Las sociedades diluyen la aplicación de los valores de la cultura precedente y se vuelven consumidoras de productos de toda índole, sin reflexión crítica frente a sus consecuencias o el interés de aplicarlos.
La ideología dominante, basada en la capacidad de la ciencia para explicar todos los fenómenos naturales y sociales, sumada a una racionalidad antropocéntrica que devalúa la subjetividad, contribuye a profundizar esa lectura social durante varios siglos. Sin embargo, a fines del siglo XX, a través de las fisuras producidas por las graves disfunciones medioambientales y sociales generadas por la actividad humana, emerge progresivamente la necesidad de valorar de manera objetiva y consensuada los datos de la realidad, las dimensiones de la subjetividad y los valores éticos que facilitan la convivencia social.  De las lógicas lineales de la ideología de infinitos recursos materiales se transita hacia la lectura de la complejidad de los procesos y al reconocimiento de las redes sociales, integradoras del pensamiento diverso y de los factores medioambientales, como base de la existencia humana. Entonces la política pierde vigencia como
 representación de las pasiones, intereses sociales, o valores ideológicos para transformarse cada vez mas en una actividad consensuada de interés público.
Los acotados e infinitos caminos que abre el conocimiento, remplazan a los intereses sociales reivindicativos del pasado por la confianza en un futuro organizado por ciudadanos responsables. Ese camino es el que permite restablecer la confianza en el futuro, el que disminuye las tensiones sociales, el que permite transitar caminos de equidad, de justicia social y el que necesita de la memoria histórica para proyectarse al futuro sin aferrarse al pasado.
Sin embargo las lógicas de corto plazo, de lucha por el poder, en donde se  confunde el adversario con el enemigo y adonde todo vale, parecen estar muy presentes en los últimos días de la campaña electoral. Una vez más se apela a la pasión, al discurso agresivo, en lugar de orientarse sobre la verdadera senda de la construcción democrática, la del análisis, de la razón crítica, la de la información verificable, para proponer el futuro que mejor representa los intereses sociales.
La lógica de Maquiavelo aplicada en las sociedades que aún sufren las consecuencias de las políticas neoliberales, resulta extremadamente riesgosa para la democracia y para los ciudadanos. Pero además incentiva irresponsablemente las pasiones en una sociedad adonde el 20% de la población que aún vive en condiciones de pobreza se encuentra sometida a la desigualdad de oportunidades, a toda la secuela de violencias que generan inestabilidad, desconfianza, sentimientos encontrados y una gran incertidumbre para percibir elfuturo.Por tal razón el maquiavelismo utilizado por algunos políticos durante la campaña electoral, además de estar fuera de contexto, está reñido con la ética y empaña esta etapa ejemplar de la democracia representativa. Porque el fin de la política no es la conquista del poder sino la búsqueda del bien común. El poder no representa más que un medio que debe estar regulado por el derecho y el respeto a la dignidad humana.
Por eso la ética debe estar en el centro de la vida política. Para permitir el restablecimiento de la confianza en la sociedad y con la política, disminuir la violencia incentivada por el secuestro de las esperanzas de los mas vulnerables, facilitar el análisis que permite comprender y transformar la realidad. Pero también como una forma de respeto y de reconocimiento a la existencia del otro aportándole datos certeros, generando un sistema honesto de representación de los intereses ciudadanos. Quizás hacer política sea poder explicar lo posible desde un análisis metódico de la realidad y realizar lo prometido para que cada ciudadano pueda vivir su realidad con continuidad, sin sobresaltos, para satisfacer la expresión de sus deseos, sueños y esperanzas.
 

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