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Wednesday, 14 November 2018
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Migraciones, educaci?n y desarrollo: una necesaria convergencia PDF Imprimir E-mail
ImageEl nivel de desarrollo de todas las naciones se asocia a su capacidad de transformar las materias primas con el valor agregado del conocimiento científico y tecnológico. Todos los países participan en diferentes grados de este modelo de desarrollo y en ningún otro momento de la historia, la generación, la aplicación del conocimiento científico, tecnológico y sus consecuencias sociales, tuvieron tanta importancia como en los últimos cuarenta años. Por tal razón la viabilidad y el desarrollo de las sociedades se define por la disponibilidad de recursos materiales y humanos destinados a generar, acceder, comprender y utilizar de manera innovadora el conocimiento científico y tecnológico. La distribución internacional del trabajo otorgó a los países de América Latina y el Caribe la función de exportadores de materias primas. Pero además la histórica fragilidad del Estado en la planificación estratégica, en la integración regional, en el conocimiento de la realidad continental y la ausencia de objetivos productivos orientados a desarrollarla, hizo que la información científica y técnica no se vinculara a los procesos materiales y sociales del desarrollo.
Estas situaciones generaron un déficit crónico de conocimiento, en los aspectos educativos vinculados a su generación, en el financiamiento de la investigación científica y sus vínculos con el sistema productivo, los que ocuparon un espacio marginal en las decisiones estratégicas del Estado. En los países de la Región la ciencia, la tecnología o la innovación nacen como actividades poco vinculadas con el desarrollo productivo o social.
Los Estados regionales no definen los métodos ni los recursos humanos y materiales adecuados para acceder al conocimiento de su realidad, pero tampoco impulsan las orientaciones estratégicas ni el saber apropiado para su transformación. Las escasas propuestas conocidas pocas veces son el resultado de análisis y diagnósticos endógenos o responden a la definición de políticas públicas vinculadas al desarrollo.
Casi siempre incorporan problemas y soluciones definidos desde los países desarrollados, habitualmente impulsados por la élites nacionales formadas en esos países o sugeridas por los organismos financieros internacionales. Este profundo déficit de conocimiento que se observa en los países en desarrollo genera una fractura social interna y con los países desarrollados, la que no cesó de agravarse desde el salto productivo que representa en la economía mundial el advenimiento de las nuevas tecnologías (informática, robótica, electrónica, biotecnologías).
 Si el proceso de globalización pretende generar un área mundial de actividades económicas con productos cuyo valor tecnológico agregado es cada vez más importante, los países sin posibilidades de generar conocimiento para transformar su realidad no pueden ser competitivos. La economía de la sociedad del conocimiento, que incorpora un alto valor científico y tecnológico en sus dinámicos procesos, necesita ciudadanos con una amplia participación en las tareas de innovación, con formación permanente de sus recursos humanos, los que actualmente se han vuelto deficitarios en todas las naciones.
 La nueva economía mundial también revela sus dificultades para competir, adoptar políticas anticíclicas o generar crecimiento y desarrollo social al depender del precio internacional de las materias primas. El sistema de generación de conocimiento de los países en desarrollo es extremadamente frágil. Del total de personas que desarrollan actividades de generación de conocimiento científico y tecnológico el 90% se concentra en las siete naciones más industrializadas. Los países de América Latina y el Caribe tienen, 3 veces menos investigadores que Japón, 6 veces menos que los EEUU, un cuarto del personal de investigación y desarrollo de Europa, 4 veces menos que China. Por otra parte es el grado de desarrollo económico y social de una nación y la importancia estratégica que le atribuye a la sociedad del conocimiento el factor que determina su capacidad de retener o expulsar al personal calificado.
 Las migraciones siempre fueron el resultado de las diferencias de posibilidades. Los pueblos se desplazaron para encontrar la paz, los alimentos, el agua, el conocimiento, la libertad. En épocas precedentes, al no existir grandes polos de atracción los desplazamientos humanos nunca se concentraban en un único territorio, en un exclusivo polo de desarrollo. El conocimiento circulaba y se difundía con los viajeros.
 Durante los primeros años del siglo XX, las migraciones de profesionales de América Latina hacia los países desarrollados se asocian a la formación profesional, con el objetivo de resolver los problemas planteados por el conocimiento, considerados universales. Así se pretende resolver los problemas locales, transfiriendo técnicas y conocimientos, en el marco de un modelo filosófico positivista, de progreso y de una cooperación científica orientada al desarrollo. A mediados del siglo XX la crisis de los modelos del desarrollo regional y las crecientes necesidades profesionales de los países desarrollados otorga a las migraciones profesionales una nueva dimensión cualitativa y cuantitativa. Nace el concepto de " brain drain ", traducido al castellano como " fuga de cerebros ", que otorga a este proceso una noción de valor, positivo para los países receptores y de pérdida para los países expulsores. La "fuga de cerebros" no es un fenómeno migratorio masivo como el producido en Europa desde fines del S XIX, durante la primera gran crisis del sistema capitalista y hasta el primer tercio del XX, donde se expatriaron más de 60 millones de personas de todos los sectores sociales, es selectivo.
En los últimos treinta años del Siglo XX las migraciones de científicos y de profesionales desde los países de menor desarrollo a los países desarrollados se incrementaron de manera muy importante y este proceso migratorio coincidió con la formación de la sociedad de mercado global, la creciente necesidad de profesionales en los países centrales, con la agudización de los conflictos políticos y étnicos, con la crisis económica de los países en desarrollo, con la definición de nuevas medidas de captación de profesionales altamente capacitados por parte de los EEUU, con la creciente importancia estratégica que adquiere la producción del conocimiento, la innovación, su rápida incorporación económica y su impacto social. Las migraciones de personal altamente calificado representan una pérdida de conocimiento muy significativa para los países en desarrollo.
En los últimos cincuenta años se estima que más de 2.000.000 personas de América Latina y del Caribe con formación terciaria emigraron hacia los EEUU, Canadá y los países europeos. Estimando que el costo promedial mínimo de las formaciones universitarias en la región es de 30.000 dólares, las migraciones profesionales de los últimos 50 años costaron a los países de América Latina y el Caribe más de 60.000 millones de dólares. El censo de 1999 de EEUU muestra que el 12,5% de los profesionales universitarios, 1.559.000 personas, son extranjeros, donde 212 400 son originarios de países de América Latina y el Caribe. Los doctores representan el 25,7% de la población profesional extranjera residente en los EEUU, 14,8% disponen de un master, 8% un grado profesional y el 10,5% el diploma básico de estudios universitarios.
Estos valores representan una pirámide de formación invertida en relación con las cifras observadas en los EEUU y en el extranjero, revelador del mecanismo selectivo de los residentes extranjeros en ese país. Las diferencias de desarrollo científico entre los países de América Latina y el Caribe y los EEUU no se establecen solamente por la proporción de investigadores por millón de habitantes sino por el número total de personas disponibles para esas actividades. Mientras que el conjunto de los países de América latina y el Caribe totaliza algo menos de 180.000 investigadores los EEUU se aproximan al millón de personas.
 Las razones que han determinado este flujo continuo de profesionales de la región hacia los países desarrollados son esencialmente de carácter estructural, aunque el análisis de la información migratoria revele el impacto agravante producido por acontecimientos políticos o sociales. La ausencia de definición de políticas científicas en la mayor parte de los Estados de la región, la progresiva inadecuación de las estructuras de formación terciaria al proceso de generación, aplicación y difusión del conocimiento, la casi inexistente política regional de formación doctoral, el incipiente desarrollo del tejido industrial desligado del sistema científico y tecnológico local y su desmotivación por absorber los productos científicos locales, la falta de adecuadas estructuras de escalado de procesos industriales, la indefinición de estrategias nacionales o regionales para la formación de recursos humanos, la lenta actualización de las políticas de cooperación científica internacional en el marco del nuevo reordenamiento mundial, la falta de incentivos económicos para el desarrollo de las actividades científicas y las agitaciones políticas y sociales que conmovieron y aún agitan las sociedades de la región constituyen algunas de las causas de la migración profesional producida.
Frente a la disminución de sus recursos humanos altamente calificados, los Estados adoptaron diferentes estrategias: por un lado los emigrantes fueron considerados como una pérdida del potencial nacional, « brain drain », o fueron incorporados al proceso de desarrollo a través de un mecanismo de retorno de conocimientos y tecnologías que se define como «brain gain». La primera opción generó políticas reguladoras de los flujos migratorios a través de la fijación de « cuotas » de becas externas, de emigrantes calificados o imponiendo a las poblaciones emigrantes o a los estudiantes no retornados diferentes sanciones administrativas o económicas.
Estas políticas tuvieron efectos diversos. En general fueron mal percibidas por las poblaciones, y si se observan las cifras globales o por países de los flujos migratorios calificados, las tendencias migratorias de personal hacia los grandes polos de atracción científica mundiales se incrementaron. Las políticas más adecuadas para disminuir la emigración consisten en impulsar modelos de desarrollo capaces de retener al personal calificado, mediante medidas de consolidación del sistema nacional de innovación (laborales, estructurales, organizativas, financieras) y su proyección estratégica.
Resulta también de utilidad favorecer la retención de jóvenes estudiantes mediante activas políticas de inserción a la vida profesional, de becas locales o regionales, generando ambiciosos proyectos regionales (energía, transportes, medioambientales) que incluyan sus competencias. Algunos países generaron mecanismos de repatriación de personal calificado cuyos éxitos fueron parciales y a menudo de un costo excesivo para obtener beneficios muy reducidos o de corta duración. Las estrategias de vinculación de los emigrantes científicos a proyectos en sus países de origen surgen recientemente por impulso de Universidades o Estados.
Estas iniciativas tienen su origen a partir de la organización de las diásporas científicas y son favorecidos por un incremento en la facilidad de circulación de las ideas, de las personas, de alternativas de cooperación internacional y la necesidad de aumentar los aspectos multidisciplinarios en los programas científicos. La generación de incubadoras de proyectos de vinculación parece ser una perspectiva innovadora y prometedora para el desarrollo de estrategias de recuperación de los conocimientos expatriados.
Sin embargo ninguna estrategia de vinculación podrá prosperar sin una clara definición por parte de los países de América Latina y del Caribe de modelos de desarrollo incluyentes en lo social, lo educativo y en la articulación del crecimiento productivo basados en ejes de integración regional complementaria que pivoten en torno a grandes proyectos estratégicos de transformación de las realidades locales con el valor agregado del conocimiento científico y tecnológico.

 Por Fernando Lema Director de Cooperación Consejo Directivo Central Administración Nacional de Educación Pública Montevideo, Uruguay
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