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Wednesday, 14 November 2018
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Por Nora Bär

Image En estos días, hay pocos temas sobre los que existe tanta unanimidad entre científicos y administradores como sobre la necesidad de aprovechar el tesoro de conocimiento esparcido por el mundo, que representan los alrededor de 7000 científicos residentes en el extranjero, muchos de los cuales se fueron por razones políticas, económicas, o sencillamente porque durante los años de "congelamiento" del Conicet se les hacía imposible encontrar trabajo en el país.




Para Fernando Lema, inmunólogo uruguayo que en los últimos años coordinó una de las redes que intentaron vincularlos con sus países de origen en América latina, esta diáspora del conocimiento es precisamente el talón de Aquiles de los sistemas científicos de la región. En un trabajo que analiza el problema de las migraciones de personal altamente calificado, Lema calcula (sobre la base de datos del Centro Latinoamericano de Demografía) que entre 1961 y 2002 más de 1.200.000 personas altamente calificadas pueden haber emigrado hacia Estados Unidos, Canadá y el Reino Unido.

"Estimando que el costo mínimo de la formación universitaria es de 25.000 dólares, las migraciones profesionales de los últimos 41 años costaron a los países de América latina y el Caribe más de 30.000 millones de dólares", dice Lema. El mismo cálculo aplicado a la realidad local (suponiendo que en todo ese tiempo 50.000 investigadores partieron hacia otros rincones del planeta) arrojaría una pérdida de 1250 millones de dólares.

Según este mismo trabajo, un dato muestra de manera elocuente el predominio de profesionales altamente formados entre los emigrantes: mientras en el país menos del 20% de la población dispondría de más de diez años de instrucción, entre los residentes argentinos en los Estados Unidos esa cifra llega al 84,1%.

En los últimos años se vienen multiplicando los esfuerzos para promover la formación de redes de colaboración entre "los que se fueron" y "los que se quedaron". Aunque tanto dentro del Conicet como de la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva existen programas para la repatriación de investigadores, la idea es que lógicamente no todos pueden volver. Las redes intentan tender puentes para que se pueda ayudar, por ejemplo, facilitando la financiación de proyectos o sencillamente aportando conocimiento.

Por múltiples razones, la tarea no es fácil, pero a estas alturas resulta ineludible. Basta con hacer números...

Por Nora Bär


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